El pasado 19 de marzo, en la sede de Viña del Mar de la Universidad Andrés Bello, se desarrolló la charla magistral “Asociatividad Universidad–Sistema Escolar: desafíos y oportunidades para la contribución de la formación inicial docente a la mejora escolar”, dictada por Carmen Montecinos, del Centro de Liderazgo para la Mejora Escolar de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. La actividad, que marcó la inauguración del año académico de la Facultad de Educación y Humanidades, convocó a estudiantes y docentes en un espacio de reflexión compartida. Tras la exposición, tuvo lugar un coloquio conducido por Erika Castillo, decana de la Facultad, que permitió profundizar en los planteamientos presentados y abrir un diálogo enriquecedor con la comunidad académica. Los días 9 de abril y 23 de abril están programadas las actividades de inauguración del año académico de las sedes de Concepción y Santiago.
Las prácticas profesionales ocupan un lugar central en la formación inicial docente, no como una etapa final destinada a aplicar conocimientos previamente adquiridos, sino como el espacio donde dichos saberes se construyen, se tensionan, adquieren sentido en contextos reales, ayudando a los estudiantes de pedagogía a construir su identidad profesional a partir de una experiencia profesional compartida. Sin embargo, esta potencialidad formativa se ve limitada por una dificultad persistente: la débil articulación entre la universidad y el sistema escolar, destacó la Dra. Montecinos.
¿Qué es lo que ocurre normalmente? La escuela y la universidad, muchas veces, operan desde lógicas paralelas, generando una brecha entre la formación teórica y las exigencias concretas del aula, lo que no solo afecta la coherencia del proceso formativo, sino que también diluye las responsabilidades respecto de los aprendizajes que se esperan lograr.
La Dra. Montecinos compartió con la comunidad de nuestra Facultad una invitación: a avanzar hacia una relación más integrada, basada en la asociatividad, donde universidad y escuela dejen de situarse en posiciones separadas y asuman un compromiso compartido en la formación docente. Esto implica co-construir el currículo de la práctica, generar herramientas comunes y desarrollar un lenguaje compartido que permita articular saberes diversos. Esto no solo va a impactar en la formación de los futuros profesores. También va a a aportar a la mejora del sistema escolar en su conjunto, al promover vínculos basados en la confianza y una visión compartida de mejora continua.