La Facultad de Educación y Humanidades UNAB se adjudica dos proyectos del Mineduc para fortalecer la convivencia escolar en Coquimbo y Los Lagos
Las iniciativas, enmarcadas en el programa “A Convivir se Aprende”, permitirán acompañar durante 24 meses a los Servicios Locales de Educación Pública de Elqui y Llanquihue en la construcción de una cultura de buen trato, inclusión y cuidado.
El equipo de Educación Continua de la Facultad de Educación y Humanidades (FEH) de la Universidad Andrés Bello se adjudicó dos nuevos proyectos del Ministerio de Educación en el marco de la convocatoria “Proyectos concursables MINEDUC para la implementación del Programa ‘A Convivir se Aprende’, en Servicios Locales de Educación Pública 2026-2027”. Las iniciativas permitirán a la universidad acompañar a establecimientos que enfrentan desafíos de convivencia en el SLEP Elqui, de la Región de Coquimbo, y el SLEP Llanquihue, de la Región de Los Lagos.
La convocatoria, resuelta por la Subsecretaría de Educación, adjudicó diez proyectos a nivel nacional entre distintas casas de estudio. La Universidad Andrés Bello figuró entre las instituciones seleccionadas, junto a planteles como la Pontificia Universidad Católica de Chile, la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y la Universidad de Concepción, lo que ratifica la solidez de la propuesta técnica presentada por el equipo de la FEH.
Tres años de colaboración con el Ministerio de Educación
Esta nueva adjudicación reafirma la trayectoria del equipo, que durante tres años consecutivos ha colaborado con el Ministerio de Educación en iniciativas orientadas a fortalecer la convivencia, el bienestar socioemocional y la salud mental en el sistema educativo público. Esa experiencia acumulada ha permitido al grupo consolidar un modelo de trabajo situado, capaz de adaptarse a las particularidades de cada territorio y de responder a las necesidades concretas de las comunidades educativas.
El programa “A Convivir se Aprende” se enmarca en la Política Nacional de Convivencia Educativa 2024-2030 y en el Plan de Reactivación Educativa, instrumentos que posicionan la convivencia escolar como una condición estructural para el aprendizaje y como un eje central para el bienestar y la salud mental de estudiantes, docentes y familias. En coherencia con esos lineamientos, la propuesta de la UNAB adopta un enfoque formativo, preventivo y sistémico, que busca avanzar desde modelos punitivos hacia estrategias centradas en la construcción colectiva de relaciones basadas en el respeto, la inclusión y la participación.
Un trabajo de 24 meses con enfoque territorial
Las intervenciones se desarrollarán a lo largo de 24 meses, organizadas en ciclos progresivos de mejora continua que van desde la instalación y el alineamiento territorial hasta la consolidación de prácticas y la transferencia de capacidades. El trabajo se estructura en torno a los tres componentes del programa: Redes Territoriales, orientado a articular a los establecimientos con el SLEP y los actores locales; Acompañamiento a Establecimientos, eje central de la intervención mediante asesoría técnica situada; y Desarrollo de Capacidades, dirigido a fortalecer las competencias de equipos directivos, docentes y equipos de convivencia para asegurar la sostenibilidad del proceso en el tiempo.
Cada proyecto considera las realidades específicas de su territorio. En el caso de Llanquihue, la propuesta atiende la alta presencia de establecimientos rurales, la dispersión geográfica y los desafíos de conectividad, factores que exigen un enfoque flexible y de proximidad. En Elqui, en tanto, el modelo aborda la coexistencia de contextos urbanos y rurales y la heterogeneidad institucional de la red. En ambos casos, la propuesta incorpora de manera transversal el enfoque de género y la articulación con redes locales de salud, protección de derechos y gestión municipal, fortaleciendo una respuesta integral frente a las situaciones más complejas de convivencia.
“La convivencia escolar es la base del aprendizaje, la participación y el bienestar. Llegamos a Elqui y Llanquihue con humildad, a escuchar y trabajar junto a sus comunidades, con un compromiso claro: dejar capacidades instaladas para que las propias escuelas sigan construyendo una cultura de buen trato y cuidado”.
— Ignacio Muñoz Delaunoy, Director General del Proyecto
Un equipo con experiencia consolidada
El equipo adjudicatario está integrado por Ignacio Muñoz Delaunoy, Director General del Proyecto; Misael Letelier Sánchez, Director Académico; Nicolás Torres Gámez, Investigador Responsable; Marcelo Chávez, Coordinador del Equipo de Ejecución del Programa; y Daniela Maturana, responsable de la relación con las escuelas de todo el país.
Director General del Proyecto
Director Académico
Investigador Responsable
Coordinador del Equipo de Ejecución
Relación con las escuelas a nivel nacional
Esa mirada se traduce en una forma concreta de trabajar con cada comunidad. “Lo que sostiene este trabajo es una idea simple pero exigente: no hay convivencia que se construya desde afuera. Nuestro rol es poner el rigor académico —los diagnósticos, la formación, la evidencia— al servicio de lo que cada comunidad ya sabe de sí misma. Por eso a Elqui y a Llanquihue no llegamos con respuestas cerradas, sino con buenas preguntas y la disposición a construir las respuestas junto a quienes están todos los días en las escuelas”, explicó Misael Letelier Sánchez, Director Académico del proyecto.
El acompañamiento, sin embargo, se juega sobre todo en el día a día de los establecimientos. “El verdadero trabajo ocurre en terreno, en las salas de profesores, en las reuniones con los equipos de convivencia, en las conversaciones de pasillo. Ahí es donde uno entiende lo que de verdad le pasa a cada escuela, y eso no aparece en ningún informe”, señaló Marcelo Chávez, Coordinador del Equipo de Ejecución, quien liderará el trabajo en terreno. “Mi compromiso es que cada establecimiento sienta que estamos con ellos, acompañándolos de manera concreta y constante, y no que somos una asesoría que aparece de vez en cuando. La cercanía y la confianza son la base de todo lo demás”.
Ese acompañamiento se apoya, a su vez, en un seguimiento riguroso de los avances. “Para que un proyecto como este deje huella, tiene que tomarse en serio la evidencia. No basta con la buena voluntad: necesitamos saber dónde estamos parados al inicio, medir lo que va ocurriendo y ajustar el rumbo cuando los datos lo indican”, afirmó Nicolás Torres Gámez, Investigador Responsable. “Ese seguimiento es lo que nos permite distinguir entre lo que funciona y lo que solo suena bien, y es también la mejor garantía de que las decisiones se tomen pensando en cada comunidad y no en una fórmula general”.
Con estas adjudicaciones, la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad Andrés Bello consolida su aporte al sistema escolar público chileno y reafirma su vocación por contribuir a la construcción de comunidades educativas más sanas, inclusivas y orientadas al aprendizaje.